Hablamos mucho, me explicó su vida, digna de un documental o un guión de Pedro Almodóvar. La verdad es que nos caimos muy bien al instante, cosa que tenía miedo que pasara al revés, como aquella vez que conocí a la chica que hacía de aupair, que fue un fracaso...
Acabamos la noche en un bar, Rotown, donde normalmente hay conciertos. Esa noche no, pero sí estaba el camarero aquel que tiene algo, quizás el pelo, por el cual le hemos puesto el mote de pelochampiñón (Julio) o pelocucuruchodehelado (de pistacho claro, Maite).
Después de camino a casa nos caimos muy lentamente con la bici, yo conducía sí... y esque aún no me acostumbrado a esquivar lós railes del tranvía, les tengo un pánico...
Quedamos en ir al mercado el sábado.
El mercado, que es enorme, está al lado de la Biblioteca y de la estación Rotterdam Blaak. Él ya vino con su nueva bici, preciosa, super retro, a la cual le ha puesto por nombre Martin. A la mía dice que le pega Merche, pero me niego a llamar así a mi bici. Necesita un nombre que contenga alguna que otra e, o m y que sea verde. Madeleine?
El día del mercado fue un festival! No nos privamos de nada. Tras unas buenas compras, justo lo que necesitábamos (él un edredon, y yo cubiertos para el piso) y algún que otro capricho como un platenspeler (para los LP's) nos zampamos: dos panes turcos cubiertos de semillas de sésamo (como los que comí este verano en Istambul), una porción de pastel de chocolate, un par de higos, dos papayas, kibbeling, haring, e incluso mejillones al laurel! Bien pancha contenta nos quedamos... ñam!
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